Fronteras invisibles

Las fronteras invisibles son barreras diseñadas por el rico hombre blanco, que vive en su egocentrismo, en sus pisos del centro de la capital, sin intención alguna de querer preocuparse por gentes de las clases bajas, pero sí de tener un coche de 300 caballos, un piso de 150 metros cuadrados, y de su lujoso yate de fabricación inglesa.

Mientras, personas como estas viven en pisos alquilados de 35 metros cuadrados, con toda su familia, lo mismo les da dormir 4 personas que 19 en una habitación, que emigran no por devoción, sino por obligación puesto que en sus países de origen las calidades de vida son infrahumanas, regidos por un dictador blanco, como no, que usa su poder para remarcar estas barreras sociales.

Es entonces cuando el emigrar supone llegar a otro país donde supuestamente pretenden encontrar trabajo, ganar algún dinero y tener una familia como cualquier otra, pero que la sociedad los destituye a vivir de míseras ayudas sociales, sin una cuenta corriente, pagando cifras muy elevadas por el alquiler de su nuevo hogar con respecto a sus ingresos a personas que ni siquiera conocen, e intentar sacar a flote a su numerosa familia, cuidar de sus hijos, y de sus padres y hermanos.

Por otra parte, los pocos que pueden tener un trabajo medianamente remunerado son aquellos ‘afortunados’ que se dedican a lo que las clases medias, y mucho menos las altas, deshechan por trabajos duros (como el sector  construcción), mal pagados o que simplemente no les interesa por el mero hecho de tratarse de pequeñas tareas de hogar, de limpiar lo que los demás ensuciamos o de repartir comida que ojalá pudieras llevarte a la boca.

No. Sus hijos ni siquiera pueden permitirse unos estudios decentes, para por lo menos sacar adelante una carrera con la que poder trabajar y ganar el dinero al que muchos como ellos aspiran, pero que a nosotros nos dan por el simple hecho de nacer donde nacemos.

Otro aspecto es la sanidad. Esta gente vive en condiciones insalubres, peor que todas nuestras mascotas, peor que incluso muchos animales de granja, más parece para la sociedad que no son ni personas.

Pero sí los son, y merecen el mismo trato y el mismo respeto como tú y como yo, merecen los mismos derechos, los mismos caprichos que nos damos, sobre todo en estas fechas, en vísperas de Navidad, que parece que todas las empresas pretenden sacarnos los ojos para fijarlos en sus carísmimos productos de cosméticos, perfumes, juguetes… cuando lo que de verdad importa es hacer de este mundo donde vivimos tan unido y a la vez tan dividido un lugar mejor donde vivir, donde poder vivir sin que nos digan como actuar o pensar, sin que le tachen a uno de loco por decir estas palabras, sin que tengas que emigrar para sobrevivir. Esto no es una lucha por la supervivencia, sino una lucha por un mundo mejor.

Published in: on 14/12/2009 at 22:44  Dejar un comentario  

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